lunes, 14 de junio de 2021

Congo posee el mayor emplazamiento hidroeléctrico del mundo pero menos del 10% del país disfruta de electricidad


Las cataratas de Inga, en el río Congo son el mayor emplazamiento hidroeléctrico del mundo, con 39.000 megavatios (MW) de capacidad de generación potencial. Actualmente existe "La Gran presa de Inga" un proyecto hidroeléctrico situada en la proximidad de las cataratas, con dos embalses: "Inga I" e "Inga II" y está en proyecto un tercer embalse, denominado "Inga III", que aprovecharía la existencia de los embalses I y II. Sin embargo el país no puede procesar localmente toda su riqueza mineral ni proporcionar luz a la gran mayoría de sus 80 millones de habitantes, por falta de centrales hidroeléctricas.
Muchos han soñado con liberar este potencial hidroeléctrico de Inga para generar electricidad renovable para la República Democrática del Congo y toda África pero el proyecto se ha dilatado desde 1972.

Ahora que el sueño vuelve a ponerse sobre la mesa, debido al reciente anuncio del grupo minero australiano Fortescue Metals Group y su presidente, el multimillonario Andrew Forrest, que confirmaron sus planes para desarrollar Inga para la generación y exportación de hidrógeno verde que tiene una importante y creciente demanda como combustible de bajas emisiones de carbono para su uso en el transporte y la industria.

Una de las preocupaciones del proyecto es que se garantice un "hidrógeno verde limpio", es decir, que su producción no esté contaminada por problemas de ética como a explotación infantil o el tratamiento injusto con las comunidades que estén relacionadas en el proyecto, algo que desde hace años se viene viendo en Congo con la producción de cobalto. Y es que si hablamos de un nuevo recurso amigable con el medio ambiente no puede tener en sus manos explotación o sangre de las personas que lo producen, porque además eso significa dificultades para ser vendido en los mercados energéticos europeos del futuro, a pesar de sus beneficios climáticos. 

Otro problema, no menos importante, es que se destine toda la electricidad de Inga en la producción de hidrógeno para abastecer de combustible a Europa y a otros países, dejando a un lado el proyecto de electrificar África, algo que sería muy injusto desde cualquier punto de vista. 

Hoy ha sido Fortescue quien ha recibido los derechos exclusivos para el desarrollo masivo de Grand Inga, pero en los últimos años han sido varios los constructores potenciales que se han presentado y ningún proyecto se materializo, quizás por propuestas avaras o por contratos de dudosa procedencia o por intereses políticos. Un ejemplo es este artículo que encontré de 2009 en BBC: Electricidad: ¿de Congo para Europa?

Inga es un tesoro nacional y su desarrollo debería beneficiar primero que nada a su continente, pero es el peso que lleva África, sobre todo Congo a sus espaldas: ser increíblemente ricos en recursos naturales sin poder disfrutar de sus beneficios y ser explotados por ellos. 

viernes, 7 de mayo de 2021

"Trataron de obligar a mi marido para que violara a nuestra hija. Él se negó y lo asesinaron"

Estos testimonios fueron recopilados durante una visita de campo en Kananga, la capital de la provincia de Kasai Central, por un equipo de comunicaciones de Médicos Sin Fronteras.

Actualmente en los hospitales donde colabora MSF acuden mensualmente un promedio de 200 víctimas de violencia sexual. El 80% informaron haber sido violadas por hombres armados y la gran mayoría no buscaron atención médica hasta un mes o más después del ataque, debido a la falta de conciencia sobre la existencia de servicios dedicados a la atención de la violencia sexual y también por la distancia para llegar al más cercano. 

ANNY: "Tenía 45 años y seis hijos. Una mañana entraron en las casas de la gente en Kananga, robando y matando. Cuando llegaron a mi casa yo estaba sola con mi hijo de cuatro años, cinco de mis hijos estaban con su abuelo en otra parte de la ciudad. Amenazaron con matarme pero en su lugar, decidieron violarme. Mi hijo se escondió en un rincón. Mi marido trabajaba cerca de la frontera con Angola. A menudo estaba en casa solo durante meses esperando a que regresara. Después del ataque no podía comer ni beber. Sentí como si mi corazón se hubiera roto, partido en dos. Un día estaba preparando comida para mis hijos (todavía yo no podía comer nada) y escuché caer algo, me estremecí y mi corazón roto latía muy rápido. Después de un tiempo después, me enteré que ese día mi esposo había sido asesinado cuando regresaba a casa debido al conflicto. El día que decidí ir al hospital, sucedió algo más. Fui a un pueblo cercano con otras mujeres a comprar comida que luego podríamos vender en Kananga. En el camino nos detuvieron unos hombres que pedían dinero. No teníamos nada, así que nos violaron. Esta vez no fue solo un hombre. Algunas de las mujeres lograron escapar, pero yo no. Me agarraron y me arrastraron al monte, donde me atacaron. Recuerdo que había alguien gritando cerca, mientras me violaban. Después comencé a sentir mucho dolor en la parte inferior del abdomen. No podía caminar correctamente, no podía comer y solo quería dormir. 

PITSHOU: “Sucedió en agosto, cuando regresé a mi pueblo. Unos hombres armados cruzaron el río hasta mi pueblo y nos atacaron. Mataron a mucha gente. Huí junto con otros hombres pero en el camino fuimos atrapados por otro grupo armado. Nos llevaron de regreso al pueblo, donde nos torturaron y nos trataron como esclavos. Tuvimos que hacer cosas horribles: nos obligaron a violar a varias de las 'mamans' de nuestro pueblo. Cuando digo "mamans", es una expresión congoleña. Ninguna de ellas era mi madre, pero de todos modos eran las madres de nuestro pueblo. Todos los jóvenes del pueblo se vieron obligados a hacer esto. Si alguien no lo hacía, lo mataban. No lo recuerdo bien, pero creo que tenía que hacérselo a seis o siete mujeres. Cuando los hombres armados se fueron, las autoridades locales vinieron de Tshikapa a buscarnos, como si nosotros también fuéramos criminales. Así que nuevamente huí. Me habían operado el riñón 10 meses antes y todavía me estaba recuperando. A los dos días comencé a sentirme muy mal, tal como después de la operación. Cuando fui al hospital, los médicos y la psicóloga me atendieron. Me dolían mucho los riñones, pero las cosas tampoco iban bien en mi cabeza. Tuve que hacer algunas pruebas y hablar mucho con la psicóloga. Desde entonces he estado tomando medicamentos y he notado algunos cambios: tengo menos dolor, aunque todavía no estoy del todo bien". 

CÉCILE: "Estaba en casa con mi esposo ese día. Fue durante la violencia y los combates. Escuchamos gritos afuera y vecinos llorando "Creo que han matado a alguien", dijo mi esposo. Así que nos encerramos adentro. Hombres armados arrojaron gases lacrimógenos por la ventana para obligarnos a salir. Ocho personas entraron a nuestra casa. Trataron de obligar a mi marido para que violara a nuestra hija de17 años o lo mataban. Él se negó y lo asesinaron. Cuando se fueron, me escondí en el bosque junto al pueblo con mis hijos. No dormí ni comí. Durante un año, antes de venir a la clínica, me aterrorizaba la idea de que pudiera tener VIH. Cuando volví a Kananga, mi padre estaba muy enfermo, así que decidí regresar con mis hijos y fui al hospital donde atendían a víctimas de violencia sexual. Me examinaron y me dijeron que no tenía VIH.  

BIBELOT: "Un vecino nuestro me violó cuando estaba sola en casa yo tenía16 años. Un voluntario de una ONG que trabaja con MSF me llevó al hospital. Mi familia lo denunció, pero mi agresor escapó al pueblo de donde era, a pocas horas de Kananga. Ahora estoy embarazada del hombre que me violó. A este hombre lo consideraba un amigo, un hermano mayor, que vivía en nuestro barrio. Nunca hubiera pensado que pudiera hacer algo así. Aún no puedo comer y sigo muy débil".








martes, 8 de diciembre de 2020

Víctimas de violencia sexual reconstruyen sus vidas en Congo

PHOTO: ACNUR / Olivia Acland
En mi afán por cerrar el año con una buena noticia, busqué, busqué y pensé "¡Por Dios, en algún rincón del Congo tiene que haber un rayo de esperanza!" y si, encontré algo que nos puede reconfortar al saber que un grupo de mujeres víctimas de esta guerra, está tratando de reconstruir sus vidas.

Se trata de al menos 300 mujeres, victimas de violencia sexual y de los desplazamientos a causa de la interminable guerra que vive Congo, que han sido acogidas en la provincia central de Kasai donde se lleva a cabo un proyecto de ACNUR, en el que durante seis meses se capacitan para la reinserción social.

La casa donde están queda en una calle tranquila, rodeada de plataneros en Kananga, donde algunas mujeres están ocupadas tallando bloques de jabón, otras están enseñando a hacer masas para pasteles, mientras que otro grupo está cosiendo vestidos en medio del silencio y una completa concentración. Los bebés recién nacidos duermen sobre mantas de punto al lado de sus madres. 

Una de las mujeres de la casa es Fidéle de 36 años, huérfana desde muy joven y analfabeta. Sufrió un ataque de violencia sexual cuando viajaba a Kananga con sus seis hijos, para visitar a su esposo en el hospital que resultó herido en un accidente minero. Cuando su marido se enteró de lo sucedido, la rechazó y la abandonó con todos sus hijos. Afortunadamente Fidéle, alcanzó a recibir atención médica por Médicos Sin Fronteras y luego fue remitida al centro de recuperación y reintegración Marie, Mère de l'Espoir en Kananga, que cuenta con el apoyo de ACNUR, la Agencia de las Naciones Unidas para los refugiados, de lo contrario estaría muerta.

Otra de las mujeres es Christine de 45 años y madre de nueve hijos. AL igual que las demás Christine ha sido victima de violencia sexual y una cicatriz en su cuello recuerda un pasado oscuro. Es la cicatriz de una herida profunda provocada por una bayoneta (un arma blanca muy afilada) con la que fue atacada cuando hombres armados la violaron durante los combates en la región de Nganza de Kananga: “No tuve nada en mi vida después de eso. No pude comer. Ahora al menos puedo ganar algo de dinero para ayudar a mis hijos”, dijo Christine con voz tranquila y decidida. Ahora Chistine comparte con las demás mujeres de la casa su habilidad para hornear pasteles.

En la cabina de fabricación de jabón se mezcla aceite, agua y lejía, que se vierte en dos cajas con compartimentos de madera antes de solidificarse y cortarse en pedazos. La piezas se venden entre 13 y 50 céntimos, según el formato, y por supuesto que es motivo de alegría por fin poder generar algún ingreso, pero sin duda las mayor satisfacción es reconstruir sus vidas y sentirse valoradas como seres humanos, porque saben que están contribuyendo al bienestar de la comunidad.

¡Ahora si, Feliz Navidad!



martes, 29 de septiembre de 2020

Mama: Un documental sanador

PHOTO: Selected Films

Mama es un documental corto sobre el proceso de curación mutua de los bebés chimpancés y su cuidadora, todos marcados por traumas profundos. 

Mama Zawadi es una mujer que atravesó el impensable trauma de ser violada sexualmente no menos de tres veces y que ahora trabaja en el Centro de Rehabilitación de Primates de Lwiro, el lugar donde puede olvidarse de su trauma cuidando a bebés chimpancés que también experimentaron los horrores de la guerra. Cuando a penas eran unos bebés, estos chimpancés quedaron huérfanos en medio de hombres armados disparando y matando, y de cazadores furtivos que los robaron a sus padres. 

Ahora han creado una conexión tan profunda en la que por fin nuevamente pueden depositar su confianza. En Mama, ellos encontraron su amor maternal perdido y ella una nueva y muy especial familia.

Para ver la galería completa de fotos, visita  nuestra fan page Mujeres del Congo.

Trailer:


Dirección y guionPablo de la Chica / Productora: Salon Indien Films, Quexito Films, Filmakers Monkeys, Media Attack, Kinetoscopio Films, See-Through Films / Shooting Place: República Democrática del Congo, Madrid / Duración total del corto: 29 min.

jueves, 6 de agosto de 2020

La salud amenaza con convertirse en una crisis de los derechos de los niños

PHOTO: Médicos Sin Fronteras

En la República Democrática del Congo (RDC) el derecho del niño a la salud se ve seriamente amenazado desde el momento en que nace. Actualmente la infancia del país está atravesando una de las peores crisis humanitarias del mundo, donde los conflictos armados son una realidad cotidiana, sumado a un sistema de salud muy débil, incapaz de soportar las epidemias que azotan el país africano y donde los niños son las principales victimas. 

Los hospitales deberían ser espacios protegidos donde los ciudadanos y sobre todo los niños puedan sentirse a salvo, incluso en tiempos de conflicto. Sin embargo, los ataques se han convertido en una tendencia alarmante y varían desde la destrucción parcial o total de instalaciones médicas, ataques al personal, hasta el uso militar de las instalaciones. Estos ataques no solo ponen en peligro la vida de los niños, sino que también limitan su acceso a asistencia médica. 

En estos momentos existen varias epidemias en curso en la República Democrática del Congo donde las estadísticas afirman que los niños son las principales victimas mortales, como el sarampión, el cólera y la malaria, que han devastado el país. El cólera, como resultado de los sistemas de saneamiento deficientes y el agua "potable" sucia mató a 540 personas en 2019, la mitad de ese número eran niños. El sarampión, una epidemia aún más grave, causó 6.200 muertes en 2019-2020 y el 85% de estas muertes correspondieron a niños menores de 5 años y se estima que más de 3,3 millones de niños se han quedado sin una atención médica adecuada. 

Hablando a mayor escala, la salud de la población congoleña se encuentra en un estado vulnerable debido a su sistema de salud, junto con niveles extremos de pobreza. Actualmente la población también enfrenta el décimo brote del virus del Ébola (desde agosto de 2018) y paralelamente recibieron el primer caso de COVID-19 que fue informado el 10 de marzo de 2020 en Kinshasa.

martes, 21 de enero de 2020

Sumérjete en la vida cotidiana del Hospital de Rutshuru

La situación humanitaria de la región de Rutshuru en la parte sur de Kivu del Norte en la República Democrática del Congo, es extremadamente frágil, con violencia recurrente principalmente relacionada con las actividades de los grupos armados de oposición y problemas inter-étnicos. Esta inestabilidad genera un desplazamiento masivo de la población y problemas de salud importantes: la violencia produce casos de trauma. Durante los últimos tres años, cientos de familias han sido desplazadas en la zona de Bwito huyendo de los combates y, por lo tanto, las necesidades en términos de asistencia humanitaria siguen siendo cruciales, mientras que solo unos pocos actores están presentes en la zona. 

Médicos Sin Fronteras trabaja allá desde 2005 y apoya a tres hospitales y cinco centros de salud en servicios como emergencias, nutrición pediátrica, cuidados intensivos y cirugía, y de su página hemos tomado esta miniserie de dos episodios, que no adentra en la vida cotidiana del Hospital de Rutshuru.


sábado, 25 de mayo de 2019

Guerra y resilencia en Kasai

Si bien este país ha tenido numerosos problemas y conflictos internos, el de la región de Kasai, en el corazón del país (centro-sur), destaca por el elevado número de muertes y violaciones de derechos humanos. Se trata de un conflicto basado en el resentimiento social y tribal y en la lucha por el control del país.

El origen se remonta al año 2016, cuando el presidente Joseph Kabila, en el poder desde 2001, decidió retrasar las elecciones para permanecer más tiempo en el poder. La muerte de su principal opositor, Étienne Tshisekedi, facilitó las intenciones de Kabila de seguir en la presidencia, pero desde entonces este ha tenido que confrontar una oposición armada: la milicia de Kamuina Nsapu y en sus acciones contra la milicia, las autoridades causaron en las primeras semanas 400 muertes, tanto de personas armados como de población civil. 

En 2017 hubo 1,7 millones de personas que dejaron sus hogares y se desplazaron a países vecinos en busca de asilo. Hasta la fecha ha habido un total de 3,9 millones de personas desplazadas. El conflicto ha agravado la hambruna en el país, que alcanza los 7,7 millones de personas. De ellas, 3,3 millones se ubican en la región de Kasai, que es la más azotada por el conflicto. En enero de 2018, se estimó en 400.000 el número de niños malnutridos. En mayo de 2018, al menos la mitad de todos los niños menores de cinco años padecían desnutrición aguda, incluidos 260.000 niños que corren el riesgo de morir debido a una desnutrición grave. 

Las cifras no hacen más que elevarse debido a la migración y a la situación de peligro que sufren miles de personas. La RDC ha pedido al Banco Mundial 1.700 millones de dólares para poder establecer y ayudar a la población. Pero esta suma no ha sido entregada ni ha habido ninguna aportación económica por parte de ninguna organización internacional.

Sin embargo, es admirable como el poder de la esperanza supera esto y en octubre de 2018, cientos de los miles de congoleños que habían huido al monte o a la vecina Angola empezaron a regresar a sus comunidades con el fin de reconstruir sus vidas. Muchos milicianos también se han rendido y pesar de los innumerables desafíos, las familias no dejan morir la esperanza.

Para ver la galería completa de fotos de Vicent Tremeau para UNICEF, visita nuestra fanpage Mujeres del Congo.

Éric Kabamba, médico del Hospital Kanzala, donde está tratando a Batuakapapa Marie, de cuatro años, en su Unidad de Tratamiento de Nutrición Intensiva.
Ngalula Tshufuila Marie, de 13 años, mientras agarra su posesión más preciada, su osito de peluche, contrasta radicalmente con las experiencias traumáticas que la han traído aquí.

Se han destruido más de 600 escuelas y centros de salud, dejando a muchos niños sin educación. Anto Nteka Shimanga da sus clases bajo un árbol fuera de la escuela primaria Mpanya en Bakuakubala, Kasai

jueves, 10 de enero de 2019

'Las mujeres que rompieron el silencio´


Concha Casajús es una una fotógrafa con amplia experiencia como docente, que lleva más de dos décadas recorriendo África como fotógrafa independiente y en esta oportunidad no trae a través de su lente la realidad que viven las mujeres del Congo en la zona este del país, en su exposición Las mujeres que rompieron el silencio.


“En la zona este del río Congo, los combates por el control del territorio dan lugar a una situación de extrema violencia. La violación se ha convertido en un arma de guerra, con la que se somete a la población por el terror, porque la mujer africana es el corazón de la familia, de la economía, de la sociedad y si la destruyes, destruyes el presente y el futuro del país. Aunque ello suponga la exclusión social, algunas de estas valientes mujeres han decidido romper el silencio y denunciar los hechos”. asegura la artista.

FOTO: Concha Casajús

La crisis política que atraviesa la República Democrática del Congo desde el genocidio de Ruanda de 1994 (con el escenario de la Primera Guerra del Congo 1996-1997 y de la Gran Guerra de África 1998-2003) es el conflicto más mortífero desde la Segunda Guerra Mundial, con cerca de 4 millones de muertos. Desde entonces, la República Democrática del Congo, uno de los países más ricos del planeta, es un infierno donde las potencias compiten por sus depósitos de cobre, oro, diamantes, cobalto, uranio, coltán y petróleo, mientras el territorio se desangra en una guerra continua en la que las milicias y los grupos político-militares no dan tregua y quienes más pierden en la contienda son ellas: las niñas, sus madres y abuelas.

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Leer:
Testimonios de Mujeres Valientes del Congo

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Una victoria poco común: 11 guerrilleros congoleños condenados por violación masiva


Frederic Batumike (con camiseta de Inglaterra) en el tribunal con sus abogados y un traductor. Photo PHR.

En junio del 2016, un tribunal militar acusó a Frederic Batumike, un poderoso legislador regional que representaba a Kivu Sur en el parlamento y lider de una milicia que aterrorizaba a una comunidad local, por ser el autor intelectual de al menos 46 violaciones a niños entre 2013 y 2016.
El patrón de esta serie de violaciones es repugnante: todos eran niños menores de 13 años y algunos de tan solo 18 meses, que fueron robados de sus hogares en la oscuridad de la noche, violados y a menudo, mutilados y arrojados a sus patios o campos fuera de la aldea. 
A medida que los horripilantes ataques se acumularon a lo largo de los meses y años, los expertos de PHR (Physicians for Human Rightstrabajaron intensamente con los médicos del Hospital Panzi para recopilar los hallazgos de los médicos forenses y clasificar las lesiones, para ayudar a establecer un patrón de criminalidad y documentar la evidencia física y psicológica. Cuando los tribunales civiles ignoraron el caso, PHR, junto con socios nacionales e internacionales, hicieron un poderoso llamamiento para que fuera examinado por un tribunal militar. Fueron necesarios tres dolorosos años para llevar los casos a juicio, tres años de incesantes ataques que terminaron con el arresto de Frederic Batumike.
El juicio que empezó el 10 de noviembre contra el político y otros 18 sospechosos, concluyó el 13 de diciembre con la sentencia de Batumike y 10 hombre más a cadena perpetua por "crímenes de lesa humanidad" por violación y asesinato; Otros tres fueron absueltos de violación, y dos de esos hombres enfrentaron sentencias por otros cargos. Otros seis hombres que habían sido juzgados fueron absueltos de los cargos de pertenencia a un grupo armado. El tribunal también otorgó reparaciones de US $ 5.000 a cada uno de los sobrevivientes de los ataques. 
Durante el juicio, el tribunal permitió a los testigos testificar detrás de una pantalla de privacidad, con el cuerpo cubierto de pies a cabeza y la voz disfrazada con tecnología de modificación de voz proporcionada por PHR para proteger sus identidades. Pero después de que una niña sobreviviente se derrumbara llorando, cuando comenzó el relato de su caso, el tribunal permitió que las niñas fueran dispensadas de testificar.
Aunque a los condenados aun tienen derecho de apelación, los cargos políticos de los acusados no pudieron estar por encima de la ley y el veredicto es un rayo de esperanza sin precedentes en Congo: "Este veredicto da esperanza a las multitudes de víctimas silenciosas y traumatizadas que no se han atrevido a hablar porque no tenían fe en nuestro sistema de justicia", dijo el Dr. Denis Mukwege, quien fundó y dirigió el Hospital Panzi en el tratamiento de decenas de miles de sobrevivientes. de violencia sexual.

lunes, 8 de agosto de 2016

Fotoreportaje "Mujeres valientes de una guerra"

En el artículo anterior les compartí los testimonios de algunas víctimas del Congo. Ahora le ponemos rostro a cada uno de esos testimonios, con estas fotografías de Isabel Muñoz y Concha Casajús, quienes se unieron junto a la periodista congoleña Caddy Adzuba para este proyecto, que muestra las historias de las mujeres congoleñas que han logrado sobrevivir y salir adelante entre la extrema violencia sexual que se vive en su país.

Casa África (consorcio público español que busca fomentar las relaciones entre Africa, Europa y Africa) unificó en una exposición el trabajo independiente que realizaron las fotógrafas en la RDC y que tiene como objetivo reunir las historias de estas mujeres y mostrar su determinación a enfrentarse al sufrimiento y decir definitivamente NO a su condición de víctimas.

Los nombres de las obras son "El camino a la esperanza" de Isabel Muñoz y "Las mujeres que rompieron el silencio" el poryecto de Concha Casajús.


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Leer:
Testimonios de Mujeres Valientes del Congo

lunes, 6 de junio de 2016

Testimonios de mujeres valientes del Congo

Las cifras de violaciones sexuales y mujeres muertas en la República Democrática del Congo son estremecedoras y aunque desde que empecé el blog en 2008, he visto como se han sumado a esta causa periodistas, fotógrafos, activistas y ONG al rededor del mundo, los testimonios no cesan.
Lo único bueno de estos testimonios es que tenemos la certeza de que se trata de mujeres que pudieron sobrevivir y en muchos casos salir adelante a pesar de la tragedia.

Las fotógrafas Isabel Muñoz y Concha Casajús estuvieron en Bukavu haciendo cada una un trabajo independiente y estos son algunos de los testimonios que se recopilaron de las víctimas:

La historia de Zabulonda Mwin Elysée la cuenta ella misma: “Tengo 28 años y cinco hijos. Nací en Shabunda, a 350 kilómetros de Bukavu. Había conflictos en nuestra aldea y nos trasladamos a las pequeñas casas que construimos como refugio en el bosque. Al huir llegaron las Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda (FDLR) para atacarnos. Estaban mis padres, mis hermanos y hermanas… Los FDLR preguntaron por el jefe de la familia y se presentó mi padre y le obligaron a violar a su primera hija, que era yo. Mi madre estaba allí. Mi padre se negó. Lo decapitaron y lo descuartizaron. Nos dieron los trozos para que nos los comiéramos. Nos negamos, y mataron a mis hermanos. Quedamos mi madre y yo. Me violaron, no sé cuántos, introdujeron objetos en mi vagina, perdí el conocimiento y seguían violándome. Recobré el conocimiento y había cadáveres junto a mí: mis hermanos, también mi madre. Sólo quedaba mi abuela. En el hospital al que me trasladaron me dijeron que habían destruido todos mis órganos sexuales. No sabía cómo podía hacer mis necesidades, no sentía nada… Acabé en Bukavo, en Panzi, el hospital que se ocupa de las mujeres violadas. Estuve ingresada tres años, tuve múltiples operaciones. Me negué a regresar a mi aldea, no tuve fuerzas para hacerlo. Recuperé a mis hijos, a mi marido lo había perdido también. Me dijeron que no alzara peso, pero soy una portadora de objetos, tengo que hacerlo para sobrevivir, me siento muy mal, pero no tengo elección”.

Eugenie Bitondo: “Nací en Mwenda en 1967, estoy casada y tengo cinco hijos. En 2004 Mutebsi era el comandante en jefe militar y la guerra había comenzado en esa zona. Huimos de la guerra hacia Ngandu. En este conflicto murió mi marido, lo mataron en mi presencia. Entraron 14 militares y se le echaron encima porque él quería defendernos. Y los militares me cogieron y me violaron, uno tras otro, hasta siete. Desde entonces tengo dolores en las caderas, me destrozaron totalmente. Esto es el infierno y quiero anunciarlo a todo el mundo, a todo el planeta. En medio del campo, junto al río, cogen a las madres y las violan. No puedes salir de casa, porque ahí tampoco estás segura, derriban la puerta, se llevan lo que quieren y nos violan igualmente. No podemos salir a trabajar al campo, no tenemos nada de lo que podamos vivir, necesitamos ayuda para que puedan cambiar las cosas”.

Henriettre Kika: “Me violaron cinco rebeldes en el bosque. Iba al campo, cuando llegué me tiraron al suelo y me violaron, estaba agotada, no podía hacer nada. Mi marido intentó defenderme y los rebeldes lo mataron y lo descuartizaron. Después de atacarme me dejaron bajo un árbol. El ano y la vagina quedaron unidos, fue horrible ver los trozos del cadáver de mi marido junto a mí. Yo era como un animal, sangraba por todas partes, no podía tenerme en pie. Me llevaron a Kingulube y de ahí al hospital, por eso estoy viva. Soy madre de 10 hijos. El doctor encontró incluso trozos de madera adentro de mi vagina, no puedo volver a trabajar ni hacer nada. Si me ves por detrás tengo un bulto grande en el cuello, nunca tuve eso antes. No podía hablar ni comer, por eso me llevaron al doctor Denis Mukwege (leer: "El Doctor Mukwege y su Hospital") y estuve cuatro meses en el hospital. Después de muchos esfuerzos conseguí ponerme en pie. Ya no vivo con mis hijos y me siento inútil en la sociedad, olvidada y abandonada".

Mayuma Byantabo: “Tengo 46 años. Es realmente grave la situación que sufrimos. Un día salimos al campo, los niños se quedaron en casa, yo volví sobre las tres. Vi que la casa comenzó a arder. Los pequeños estaban encerrados dentro. Yo no podía entrar en la aldea, la tenían rodeada e intenté huir al campo. Pero me atraparon y me violaron. Yo ya sufría al pensar que mis hijos se habían quemado vivos en la casa y perdí el conocimiento. Dos días después, unas personas me recogieron y estuve una semana sin saber dónde me encontraba ni lo que había pasado ni lo que había sido de mis hijos. Me trasladaron a Bukavu para que me curasen. Mi marido, que no estaba con nosotros cuando sucedió todo esto, al enterarse me abandonó, me echó la culpa de lo que había sucedido. A mis padres los mataron en la aldea, a mis hijos los quemaron vivos, me encontraba sola en el mundo. Pienso que, de no haber sido por la guerra seríamos felices, estaríamos todos en la aldea con nuestros padres y nuestros hijos. Es la guerra la que ha traído todo esto.

Cheusi Kwasila Anne (profesora): "Estaba con mi marido, éramos comerciantes, llevábamos mercancías para vender en Baliga, para ello teníamos que atravesar una zona de bosque; llegamos vendimos nuestra mercancía y de regreso a casa, empezó a llover y nos refugiamos bajo un árbol, los dos con nuestro hijo. Aparecieron unos hombres con antorchas, llevaban armas, nos intimidaron y mi marido les ofreció el dinero de las mercancías que habíamos vendido. No quería el dinero, solo querían violarme y que mi marido y mi hijo lo presenciaran. Lo hicieron seis hombres y perdí el conocimiento. Introdujeron un cuchillo en mi vagina, me destrozaron por completo. Nos abandonaron a los tres, pero yo seguía inconsciente. Luego supe que violaron a otras 12 mujeres. Mi marido me trasladó a una población cercana, me atendieron y empecé a curarme. Pero él me abandonó porque había dejado que me violaran, decía que tenía que haberme resistido aunque me hubiesen matado por ello. Fui a Bukavu, al hospital de Panzi para que me curasen y no pude volver a mi aldea. Hoy vivo sola y me hago cargo de nueve niños. Hoy pido protección al Gobierno, que nos dé la paz. Sé que mi marido me dejó pero sé que él también estará traumatizado por la atrocidad que tuvo que presenciar".

El caso de las siguientes dos niñas es similar, acusadas de brujería:
Nadège, de ocho años. Lleva dos años en un orfanato. Es uno de los muchos hijos nacidos fuera del matrimonio. Su padre murió y su madre, con una vida desordenada, enfermó y falleció más tarde. Los vecinos la acusaron a ella y a sus hermanos de brujería. Su hermana se escapó y desapareció. A ella la salvaron llevándola a un centro de acogida. De lo contrario, seguramente la habrían matado.

Sifa también nació fuera del matrimonio, su madrastra la culpa de la muerte de su hermano pequeño de año y medio. Sifa lo tenía en brazos, se le cayó y se rompió una pierna. La madrastra la acusa de brujería y los vecinos, para salvarla de la tortura y de la calle, la mandan al orfanato.

Leer más testimonios:
¿Pourquoi? (¿Por qué?) Con Caddy Adzuba
Masika Katsuva, inspiradora!
Testimonios de las victimas


Fuentes: Casa África / El País España /

viernes, 6 de mayo de 2016

Grupos Yihadistas persiguen y asesinan cristianos en Congo


La República Democrática del Congo, en especial el Este del Congo, es un territorio que vive en tragedia desde hace años, pero de todos los artículos que he escrito, el tema de hoy aporta un nuevo elemento a esta guerra sin fin. Un nuevo enemigo (que como todos los demás) busca adueñarse de esta tierra.

Se trata de nuevos grupos con una clara tendencia yihadista, que han estado infundiendo terror en la aldeas, con el objetivo de lograr un desplazamiento forzoso de la población y ocupar sus tierras para instalar bases de entrenamiento. Además reclutan jóvenes congoleños en el norte y sur de Kivu (al este del Congo) que son enviados por la Muslim Defense International a la zona del macizo del Graben, una especie de "zona libre" que utilizan para adoctrinar y formar jóvenes combatientes islamistas de Kenia, Uganda, Ruanda, Sudán y Nigeria, que luego son enviados de vuelta a sus países de origen, a cometer atrocidades motivadas por supuestas ideas religiosas.

A principio de este mes, fueron asesinadas de manera cruel y salvaje 17 personas por el simple hecho de ser cristianos. El administrador de la región de Beni, Bernard Kalonda Amisi, afirmó que “el grupo rebelde yihadista se enfrentó a las fuerzas militares, logrando entrar a los hogares donde se encontraban los cristianos, para asesinarlos de una manera cruel, decapitándolos y picándolos a cada uno’.    

World Watch Monitor (organización dedicada a cuidar los derechos de los cristianos del mundo y su libertad de creencias) monitorea la persecución y ha explicado que estas masacres se han vuelto más frecuentes y se han registrado más de 38 casos en la región de personas cristianas que han sido descuartizadas con machetes y cuchillos, incluyendo miembros de la Iglesia Communaute Evangelique au Centre de l’Afrique.  

Si se pregunta qué ha hecho el gobierno? Por supuesto que ya ha recibido las denuncias que desde hace un año han enviado los líderes cristianos de la provincia de Bukavu y autoridades locales, sobre la situación que se está viviendo en la región, pero sus peticiones no han sido atendidas como debe ser y el plan de las autoridades sería el de trasladar a los cristianos de sus tierras, movida que estaría indirectamente ayudando a la meta de los grupos terroristas musulmanes de alejar a la gente de sus propiedades para luego ocuparlas.
Otra información de Open Doors ha confirmado que los militantes islámicos que operan en la República Democrática del Congo concentran sus actividades en esa área del país, donde el 95% de la población son cristianos.

¿Será que estamos ante un grupo de musulmanes que pretende conquistar el país? Lo único seguro es que la pasividad del Estado congoleño y la indiferencia de la comunidad internacional nuevamente reinan en estas situaciones que requieren atención inmediata!


viernes, 8 de abril de 2016

Sólo quedan 38 jirafas en Congo

Los animales en Congo también sufren. Ya he hablado en artículos anteriores sobre la sangrienta cacería que sufren los elefantes y ahora el turno es para las jiarafas Kordofán, una de las nueve subespecies de los animales de cuello largo que viven en el continente africano (África central).

Los expertos advierten que esta subespecie está al borde de la extinción, quedando únicamente 38 ejemplares, de las cuales se estima que 34 son adultas y sólo 4 jóvenes, divididas en dos manadas dentro de la reserva. Haga de cuenta que en el planeta sólo existieran dos familias, la suya y otra, exactamente así está la situación para las jirafas Kordofán.

El hogar de estas jirafas es en el Parque Nacional de Garamba (Garamba Park) en la República Democrática del Congo, el segundo parque nacional más antiguo de África, que solía estar lleno de vida silvestre y alguna vez tuvo 500 rinocerontes blancos, 20.000 elefantes y 350 jirafas de Kordonfán. Pero en los últimos 40 años la situación ha cambiado considerablemente. Actualmente quedan menos de 1.500 elefantes, sólo 38 jirafas Kordofán y el rinoceronte blanco que habitaba allí se ha extinguió, quedando sólo 3 ejemplares en todo el mundo, que viven en Kenia.

Así de crítica y triste está la situación de los animales más increíbles y más increíble que sean los mismos habitantes del Congo los responsables, pues la práctica de la caza furtiva es la principal causas. La piel de esta especie es muy cotizada y utilizada para productos de lujo y por supuesto, también producen carne suficiente para alimentar a los cazadores furtivos durante semanas.

Garamba está dirigido por la organización sin ánimo de lucro African Parks, quienes en un intento por proteger la vida silvestre, han puesto collares de radio a varias jirafas. Se espera que esto permita a los conservacionistas monitorear cada movimiento y rastrear su paradero. Ahora el parque ha aumentado su patrullaje, aumentado del 30% a casi el 100% los guardias. Sin embargo, ha tenido un costo, ya que muchos guardabosques han muerto en acción tratando de proteger el territorio.

¿Qué derecho tenemos de negarles a nuestros hijos y nietos disfrutar de la majestuosidad de estos animales?


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